Súper Express
Cajones vacíos apilados
de plástico naranja y verde
Brahma y Heineken
para envases de cerveza son
volteados por el viento
de la esquina del súper Express.
En la vereda
crece feliz la gramilla
al sol del mediodía, la empleada
sale a levantar los cajones
que el viento desparramó,
los apila en el mismo vértice
pero en diferente orden
del que tenían antes, cuando fueron
apilados
por el empleado del primer turno:
uno verde
uno naranja
uno verde
uno naranja, y así…
Las baldosas también, la misma lógica:
una blanca, una negra, una blanca
una negra, una blanca, una negra. El albañil
para pegarlas tubo que quitar
porciones de gramilla, con la espátula
desparramar el cemento fresco
sobre la superpoblación de insectos
que corría a esconderse de la luz.
Esa fue su tarea matinal. Ahora,
el dueño del súper sale con su billetera
y le entrega unos pesos
al hombre de las manos embarradas.
La mezcla aun no está seca,
pero en la mañana del día siguiente
quitarán las cintas de peligro y la vereda
volverá a ser transitable nuevamente,
no sólo por los ramalazos del viento.